
HALLOWEEN: La llegada de la noche y el susurro de los ancestros
Con la llegada del otoño, la naturaleza empieza a despedirse de la luz. Los días, que antes parecían eternos bajo el sol del verano, comienzan a menguar. Las noches ganan terreno, como un suave manto que envuelve al mundo en sombras y silencio. Las hojas caen, transformando los paisajes en un tapiz dorado y rojizo, mientras los vientos fríos anuncian el comienzo de un nuevo ciclo. Es en esta estación, cuando la oscuridad empieza a predominar, que el tiempo parece detenerse para que reflexionemos sobre lo que hemos perdido y lo que permanece a través de los recuerdos.
Halloween se asoma en esta transición entre luz y oscuridad, una noche donde la frontera entre los vivos y los muertos se vuelve difusa. Las antiguas creencias celtas hablaban de Samhain, el momento en el que los espíritus de los muertos regresaban al mundo de los vivos, buscando calidez y alimento. Es por eso que encendemos velas en calabazas y nos disfrazamos: para guiar a los espíritus o para confundirlos, recordando que la vida y la muerte siempre han estado entrelazadas.
Sin embargo, Halloween no es la única noche en la que se recuerda a los difuntos. En México, el Día de los Muertos celebra la vida de aquellos que han partido. Los altares se llenan de fotos, flores de cempasúchil y ofrendas que los seres queridos colocan con esmero, creyendo que, durante esa noche, las almas regresan a compartir un momento con los vivos. No hay miedo, solo alegría y una profunda conexión entre generaciones.
En Japón, el Obon es una festividad que, aunque ocurre en verano, comparte la misma esencia: las familias limpian las tumbas de sus ancestros y encienden faroles para guiar a los espíritus de regreso al otro mundo. En diferentes culturas alrededor del globo, hay un reconocimiento común de que la muerte no es el final, sino una transformación. El otoño, con su mezcla de belleza y melancolía, nos recuerda que todo tiene un ciclo, y que en el ocaso de la vida, la memoria se convierte en el refugio de quienes ya no están físicamente con nosotros.
Así, la noche, cada vez más larga y profunda, no solo es la señal de la llegada del invierno, sino también un momento para mirar hacia atrás, para recordar a quienes hemos amado, y para sentir, aunque solo sea por un instante, que lo perdido no se ha desvanecido del todo. La oscuridad del otoño, entonces, no es solo una despedida del sol, sino una bienvenida a los recuerdos que permanecen vivos en la quietud de la noche.
Pero dentro de la seriedad de estos días, dentro de la solemnidad del día de Todos los Santos, hay un atisbo de alegría y celebración en Halloween. Es esa chispa la que nos anima a buscar un destello lúdico en estas fechas y compartirlo con los mas pequeños de la casa, es la chispa que nos lleva a disfrazarnos e ir por las calles pidiendo chucherías con la frase ‘TRUCO O TRATO‘.
Por eso, desde la Academia Royal Caledonian os deseamos un:
HAPPY HALLOWEEN !!

